LA PRUDENCIA ES FUNDAMENTAL PARA LA IMAGEN PROFESIONAL

A todos nos ha pasado, es completamente normal y no debes tomarlo a manera personal, sino profesional. Los problemas en la oficina son de esas cosas que todo mundo hemos vivido y seguiremos viviendo. El asunto aquí no es cuánto aguante tienes, sino la forma correcta en que debes aclararlos para que no se vuelvan impedimentos que te impidan seguir adelante.

Muchas veces las llamadas de atención por parte de tu jefe vienen de pequeños malentendidos que no hay más que platicarlos abiertamente, pero ojo, siempre en el momento adecuado y sin necesidad de que haya más personas.

Si tu jefe ya te regañó en público, error de él, no tuyo, en alguien tiene que caber la prudencia y el tacto, ¿no crees? Recuerda que para una discusión se necesita de dos personas y si una acción no tiene reacción lo más seguro es que el show de mediodía acabe ahí.

¿Qué vas a hacer tú? Sentarte o salirte un momento, tomar aire, relajarte, llegar a tu escritorio, juntar los elementos que avalen que tu trabajo estuvo bien desarrollado, tocar la puerta de tu jefe ya con la cabeza fría, pedirle unos minutos e iniciar una conversación de paz en la que muestres ó expliques cómo es se desarrolló el proyecto asignado.

Una de las habilidades más valoradas en una empresa es el trabajo en equipo y tu jefe es la cabeza de él. Sí, probablemente no te caiga muy bien, ¡nadie dijo que tiene que ser tu amigo! Pero eso nunca va a estar peleado con intentar mantener una relación sana y cordial.

La cordialidad es parte fundamental de la Imagen Profesional, de hecho es uno de los estímulos que siempre debemos lanzar tanto a compañeros, clientes, jefes y subordinados, es casi improbable que si tu tratas a alguien con respeto, él te responda de otra manera.

¡Pon tú el ejemplo! Si tu jefe es de aquellos que se sulfuran a la primera y les gusta exhibir a sus empleados, tu procura ser el otro lado de la moneda, recuerda que todos estamos en esta vida para aprender y probablemente él modifique sus actitudes contigo e incluso, si es buen entendedor, con todo el departamento que dirige.

Ahora, cuidado, a veces estamos ensimismados y no queremos aceptar que cometimos un error. ¿Mi recomendación? Cálmate, toca esa misma puerta del jefe, pide unos minutos, ofrece una disculpa (que nada te quita) y brinda soluciones viables al problema. Él verá que te interesa hacer bien tu trabajo y que no fue tu intención. Una disculpa no daña tu imagen, al contrario, la engrandece.

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