FIDEL CASTRO; UN JUICIO SIN RESOLVER

Fidel Castro, quien nació el 13 de agosto de 1926, falleció este 25 de noviembre, bajo la luz y la sombra, bajo diferentes percepciones y puntos de vista. Muchos lo critican por su forma de gobernar y otros lo aplauden por lo mismo. La historia, como bien lo dijo Obama, será quien juzgue el impacto que tuvo en la isla.

Los exiliados cubanos que viven en Miami festejaron su muerte, mientras que otros lo lamentaron. Su fallecimiento cierra un capítulo muy importante en la vida de la República Cubana, pero no es el fin del libro, pues desde tiempo atrás Raúl Castro está al mando.

Un gran personaje político, un líder influyente, un socialista que defendió sus ideologías y prácticas anacrónicas a pesar de ser condenado por casi todo el mundo, ya que si bien a los cubanos comida nunca les ha faltado, sí viven una situación limitada.

“Condenadme, no me importa, la historia me absolverá”, fue una frase que Fidel pronunció en 1953 y que, si bien no sabemos si será absuelto, lo que sí le queda claro a todo mundo es que sin lugar a dudas va a pasar a los libros de historia universal por ser un dictador que aguantó más de 600 atentados.

Respecto a su muerte, los presidentes de las diferentes naciones, incluídas México, no se han aventurado a dar una declaración que realmente lamente su partida, ya que prefieren no meterse en problemas y no dar una postura real, porque una postura negativa les traería problemas y una positiva también.

El único que se aventuró a dar palabras más concisas fue Justin Trudeau, quien dijo que “Fidel Castro era un gran líder que sirvió a su pueblo durante casi medio siglo. Fue un legendario revolucionario y orador. El señor Castro hizo mejoras significativas en la educación y la atención de la salud”. Sin embargo, esto responde a que es por todos conocida la relación de amistad que sus padres tuvieron con él.

Un conspirador contra el mundo libre, un despiadado represor de su propio pueblo, líder de la revolución socialista cubana y un estratega impresionante, tal parece que Fidel fue de todo y tres millones de personas fueron a darle el último adiós.

La imagen pública consiste en generar un percepción compartida que provoque un respuesta unificada, y aunque cada cosa que hacía Fidel generaba emociones diferentes, sus palabras sí influían, porque querramos o no logró demostrar a lo largo de 50 años de un gobierno dictatorial y socialista, su fortaleza y su “liderazgo” castrense.

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